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(…) no entiendo por qué los museos de arte tienen que plegarse a convertirse en pastelerías o en jugueterías para adultos, por qué Yves Saint-Laurent, Moschino, Gaultier, Porsche o Harley-Davidson tienen que ocupar las salas del Guggenheim, Thyssen, Mapfre o cualquier centro de arte actual. No acabo de comprenderlo cuando existen museos del traje, de artes decorativas, incluso de antropología. Es curioso que, por otra parte, estas marcas que lo tienen todo: dinero, prestigio, fama, poder… necesiten del marco incomparablemente extraño que supone el museo (…).

Rosa Olivares. Editorial de Opinión. EXIT EXPRESS. Link del artículo completo